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domingo, 8 de mayo de 2011

RECOGÉ EL FRUTO

      Un hombre rico y emprendedor se horrorizó cuando vio a un pescador tranquilamente recostado junto a su barca contemplando el mar y fumando apaciblemente su pipa después de haber vendido el pescado. 
-¿Por qué no has salido a pescar? –le preguntó el hombre emprendedor.
-Porque ya he pescado bastante por hoy –respondió el apacible pescador. 
-¿Por qué no pescas más de lo que necesitas?- insistió el industrial. 
-¿Y qué iba a hacer con ello? –preguntó a su vez el pescador. 
-Ganarías más dinero –fue la respuesta –y podrías poner un motor nuevo y más potente a tu barca. Y podrías ir a aguas más profundas y pescar más peces. Ganarías lo suficiente para comprarte unas redes de nylon, con las que sacarías más peces y más dinero. Pronto ganarías para tener dos barcas… Y hasta una verdadera flota. Entonces serías rico y poderoso como yo. 
-¿Y que haría entonces? –preguntó de nuevo el pescador. 
-Podrías sentarte y disfrutar de la vida –respondió el hombre emprendedor. 
-¿Y qué crees que estoy haciendo en este preciso momento? –respondió sonriendo el apacible pescador.  León Tolstoi.-
            ¿Qué es “Recoger el fruto”? Nada más ni nada menos que DISFRUTAR. Ese es el verdadero sentido de la palabra.
            Disfrutar es una emoción que podemos convertir a estado de ánimo y quedarnos en él.  La emoción es superior a nosotros. Dentro del Coaching decimos que “las emociones nos atrapan”. No podemos evitarlas cuando nos hacen daño pero tampoco podemos introducirnos en ellas cuando nos hacen felices. Las emociones provienen de un hecho externo, el que por ende, no depende de nosotros. El estado de ánimo es el escalón siguiente a la emoción y ahí sí podemos intervenir para cambiarlo o mantenerlo.
            ¿Por qué no damos el valor suficiente a disfrutar?
            Tenemos la tendencia a dar más importancia a todo aquello que nos exige, a lo que consideramos “serio”. Y muchas veces, nos sentimos culpables cuando dejamos nuestras actividades en un momento determinado, para disfrutar.
            ¿Te pasa? ¿Te ha pasado alguna vez que las obligaciones no te permitieron DISFRUTAR de las cosas importantes, como una reunión con amigos, un paseo con tus hijos, una tarde acostado en el pasto mirando el cielo, un día completo de no hacer nada que no te divierta?
Hay un tiempo para trabajar y hay un tiempo para disfrutar.
La causa  principal de no permitirnos disfrutar es que las cosas buenas y lindas para nuestras vidas, el sol, el aire, la naturaleza, nuestros hijos en casa, nuestros amigos, las tenemos tan disponibles que dejamos de darles importancia y de disfrutarlas.
 "La muerte está tan segura de su victoria
                              que nos da toda una vida de ventaja...”
         ¿Qué es lo que más te gusta disfrutar?
            ¿Cómo te sentís cuando disfrutás? ¿Hay algún instante en que algo te pincha adentro y te hace pensar que estás perdiendo el tiempo?
            ¿Qué tiene que pasar para que te aparezca esta emoción?
            ¿Qué es lo que no te deja ver, reconocer y conectarte con todo lo que tenés?
            ¿A qué atribuís tu falta de disfrute?
            ¿Podés diferenciar las cosas importantes de las urgentes o vivís en un estado de urgencia que no te da respiro para reconocer todo lo te pertenece?
            ¿Cómo podrías hacer para disfrutar más?
            Esta semana ha sido para mí, una de observar gente disfrutando, algunos, muy a su pesar porque justamente, pensaban que debían estar haciendo otras cosas que eran urgentes en vez, de ponerle el corazón al momento feliz que estaban transitando; otras, para su salud, captando a fondo la energía que el disfrute produce. Me alegré porque los segundos eran más que los primeros y la que definitivamente, me motivó a escribir esta newsletter fue una amiga –casi adicta al trabajo- que se quedó sin él y en vez de enloquecerse queriendo obligar a la vida a que se deje controlar por ella, como otras veces la he visto hacerlo, la encontré en su casa, haciendo nada y con toda serenidad, al preguntarle yo “¿Cómo estás?”, me respondió: “En una paz total”.
            Sólo hay una forma de disfrutar la vida: viviendo como si nada fuera eterno. Anónimo
              Sea lo que sea que estés haciendo...disfrútalo.
              ¿Quién dijo que el trabajo tiene que ser difícil y tedioso? Encontrá la manera de disfrutarlo, y serás infinitamente más efectivo.
¿Quién dijo que un día frío y lluvioso tiene que ser triste?
Esa es sólo un juicio. Disfrutá del viento helado en tu rostro. Disfrutá la belleza de la lluvia, y la sensación de tristeza se transformará en una fuente de regocijo.
Disfrutá lo que haces. Disfrutá del lugar en el que te encontrás. Disfrutá de las personas con las que estás.
               Recoger el fruto es disfrutar de los resultados: de un trabajo que te salió como querías, de una relación a la que le pusiste todo para construirla, del éxito de Dios al crear tu entorno.
               Cada situación que se presenta tiene algo para disfrutar.
            ¿Qué cosa importante estás postergando hacer?
               ¿Para qué aún no encontrás el tiempo?
               ¿Qué cosas estás haciendo que otro podría hacer por vos?
               ¿Hace cuánto no disfrutás de las pequeñas grandes cosas de la vida? 
Cuanto más envejezco, más disfruto de los sábados. Hace unas cuantas semanas, viví una experiencia que se convirtió en una lección de vida. Sintonicé mi equipo de radio y me topé con un compañero que sonaba un tanto mayor. Estaba contando algo acerca de "unas mil bolitas”. Intrigado, me detuve a escuchar: “Bueno, Tom, decía, ¡Qué pena que te hayas perdido la presentación teatral de tu hija; si me permitís, te voy a contar algo que me ha permitido mantener una buena perspectiva sobre mis propias prioridades.” Y siguió: “Un día, se me ocurrió hacer algo de aritmética y éste fue el resultado: la persona promedio vive unos setenta y cinco años. Multipliqué 75 x 52 (semanas de un año) y obtuve la cantidad de sábados que una persona promedio vive: 3900. En ese momento yo tenía 55, o sea que había vivido 2800 sábados. Si llegaba a los 75, me quedaban sólo unos 1000 sábados para disfrutar. Así que me fui a una juguetería y me compré 1000 bolitas. Las llevé a casa, las puse en una fuente y cada sábado, a partir de allí, tomo una bolita y la tiro. Y he hecho un gran descubrimiento: a medida que la cantidad de bolitas disminuye, me enfoco más sobre las cosas verdaderamente importantes de la vida. Bueno, ya me despido porque voy a llevar a mi esposa a desayunar a un lugar que ambos disfrutamos mucho,  y te lo dejo para pensar pero antes te cuento que… Esta mañana, saqué la última bolita y entonces, me di cuenta de que si vivo hasta el próximo sábado, habré recibido un regalo de la vida. Me gustó conversar con vos, Tom, espero encontrarte el próximo sábado y que me cuentes que pudiste estar más tiempo con tu familia. Un abrazo de “el hombre de 75 años”. Cambio y fuera.”
                             
 Por el placer de compartir.

1 comentario:

  1. Hola: qué gusto encontrarnos también acá (soy miembro de tendencia vital), y me da gusto ir tejiendo lazos, por aquí, por allá, que en la vastedad del universo, lazos invisibles pero muy poderosos nos conectan ¿no? Muy interesante lo que decís en este post "aprender a vivir cada momento", a estar presentes ahí donde estamos. Un abrazo y te invito a pasar por mi espacio.

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