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domingo, 7 de noviembre de 2010

Eat Pray Love (Comer Rezar Amar)


La mayoría de las personas, en un momento de nuestras vidas, sentimos la impronta de generar un cambio. Algunas nunca lo realizan: el miedo es más fuerte. Otras, comienzan un camino para realizarlo y aunque no lleguen a su objetivo, el valor del coraje se estima, puesto que ya sabemos que la felicidad no es el fin sino el camino; y otras lo emprenden. La decisión final de este último grupo logra pararlos en el inicio de una vida nueva. Esto no es permanente y dura lo que dura, pero mientras dura, ellos sienten la transformación, la lucidez y la iluminación de haberse enfrentado a sus miedos y haberlos superado.

Eat Pray Love nos lleva por aquí. La protagonista (Julia Roberts), con sus creencias a cuestas y que la han determinado como persona, constituido en una escritora famosa y llevado a estar casada en un matrimonio que podría concebirse como con todos los condimentos de la felicidad, un día siente que no sabe cuál es su lugar en ese mundo que ha creado. Sorprendiéndose a sí misma, "quema las naves" lanzándose a la búsqueda de la verdad para lo cual necesita ir hacia lo más profundo de su corazón, en un trayecto en el que será necesario: eliminar culpas por haber herido, aprender a vivir en la incertidumbre de un camino desconocido, perdonarse y perdonar.

Una asociación libre e intuitiva marca su dirección pero en cada una de sus elecciones subyacen objetivos opuestos radicalmente a los que ha sostenido hasta ese momento de su vida. Un cambio empieza por cambiar.

Recibe ayuda (el Universo siempre conspira a nuestro favor cuando vamos por nuestros sueños), adopta una postura de humildad, obediencia y aceptación ante los desafíos que enfrenta y cuando cree que ya nunca sucederá -aunque persiste en su búsqueda- empieza a VER y EXPERIMENTAR el fruto de su profundo e intenso trabajo interior.

Perdona -primero que a nadie a sí misma-, toma conciencia de su poder espiritual -que constituye en gran parte nuestro poder personal- y atraviesa el miedo como magnífico corolario final.

Más allá de la maestría de sus actores (Julia Roberts, Richard Jenkins -nominado al Oscar por este film- y Javier Bardem), sin tener en cuenta si ésta -de acuerdo a los paradigmas cinematográficos- es una buena película o no, lo que aquí brilla es un guión atrapante, identificatorio y redactado con PALABRAS exactas que cumple con creces el objetivo que se propone dejar claro: que cumpliendo ciertas condiciones, llegar a nuestra verdad, ES POSIBLE. Suma valor el hecho de que el mismo está escrito por la protagonista en la vida de esta historia ya que la película está basada en un hecho real (hasta el nombre "Elizabeth" de ambas protagonistas coincide).

Todos los personajes se permiten transitar su dolor, los expresan con emociones propias (algunos ya en la etapa de superación: la curandera Wayan; otros, más avanzados en el camino elegido por todos: Richard (Richard Jenkins), otros, en pleno proceso de cura y en diferentes etapas de la misma: Felipe (Javier Bardem) y Elizabeth (Julia Roberts).

La película está plagada de frases iluminadoras que encajan a la perfección con las diferentes situaciones presentadas, con las que he disfrutado tanto que creo que vale la pena armar este glosario:

Ante un intento simplista de Elizabeth pensando que tener un hijo podría ser la solución a su vacío matrimonial, su amiga íntima le dice: Tener un bebé es como hacerse un tatuaje en la cara. Mejor, pensalo dos veces.

Sugerencia de Ketut (el Chaman) para que Elizabeth comience su camino: Hay que ser cariñoso con uno mismo cuando se aprende algo nuevo.

Reflexión de Elizabeth compartida a su segunda pareja para decir adios definitivamente: Porque no queremos vivir uno sin el otro aunque la relación se ha desgastado, podemos pasar la vida juntos infelices, para ser felices, felices de no estar separados. Nos conformamos con vivir infelices porque nos da miedo el cambio. Nos merecemos algo más que estar juntos por miedo a sufrir si nos dejamos.

El valor de un final (el que siempre constituye un principio): Las ruinas son un regalo, son un camino a la transformación.

Referencia al precio que hay que pagar si queremos un cambio: Si quieres llegar al castillo, tendrás que cruzar el foso.

Sanar la culpa por herir a otros. Extráñalo, mándale un poco de luz y déjalo así.

Richard a Elizabeth intentando desbloquear su encierro en sí misma: Si pudieras despejar el espacio que ocupas en tu mente por la obsesión con una persona o un fracaso, tendrías un vacío con una puerta. Y ¿sabes qué haría el Universo al ver esa puerta? Se colaría y te llenaría de más amor que el que jamás hayas podido conocer.

Elizabeth a su esposo para liberarlo y perdonarse ella: Mándame albor y luz cada vez que pienses en mí y déjalo así.

La chamana a Elizabeth cuando le encarga la guía de un grupo nuevo en el monasterio: Sé una natilla de chocolate. Hay que ser hipersensible, chispeante y tener una sonrisa permanente.

Ketut a Elizabeth en sus lecciones: Es importante saber dónde te encuentras en cada momento.

Sonríe con la cara, sonríe con la mente y hasta sonríe con el hígado.

La forma de curar es confiar.

Si hay un corazón roto significa que has intentado algo.

Felipe a Elizabeth: No necesitás un hombre, necesitás un campeón.

Felipe a Elizabeth intentado destruir su miedo al amor: El equilibrio es no dejar que nadie te quiera menos de lo que te quieres tu.

Ketut a Elizabeth: Muchas veces perder el equilibrio por amor es parte vivir una vida con equilibrio.

Reflexión de Elizabeth parada ya en su transformación: Si tienes el valor de dejar atrás todo lo que te protege y te consuela, lo cual puede ser desde tu casa hasta viejos rencores, y embarcarte en un viaje en busca de la verdad, hacia el interior y el exterior, y si estás dispuesto a que todo lo que pase en ese viaje te ilumine y a que todo el que encuentres en el camino, te enseñe algo. Si estás preparado sobre todo, a afrontar y a perdonar algunas de las realidades más duras de tí mismo, entonces LA VERDAD NO TE SERÁ NEGADA.


En una reunión con sus amigos italianos, surge un juego espontáneo -y por eso, tan sabio a mi entender- Elizabeth recibe esta afirmación por parte de unos de ellos: Quizás seas una mujer en busca de su palabra.


En base a esto (ya que definitivamente, Elizabeth considera que esa palabra es la síntesis de su SER), inicio este juego por aquí para que agregues la tuya clikeando en comentarios. ¿Te animás? Podés escribir todo lo que quieras o simplemente escribir TU PALABRA.

La palabra de Elizabeth: Attraversiamo: Crucemos

Mi palabra: Aprendiz

Otras que han aparecido en otro de mis artículos por este tema:

Autorregular.

Aceptación.


Dejá tu comentario... por el placer de compartir. Un abrazo del alma.

2 comentarios:

  1. Creo que es una muy buena película, sobretodo por la gran enseñanza que deja. Nos deja pensando, atravesando cualquier tipo de frontera. Nos demuestra que la edad no es un número que deba limitarnos, sino todo lo contrario. Yo solo tengo 17 años, pero luego de verla me di cuenta que todavía me queda mucho más por vivir, más de lo que pensaba. Aprender a amarse y perdonarse a uno mismo y luego amar y perdonar a los demás.

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  2. Es muy buena pelicula, uno atravieza caminos tan oscuros y esta pelicula solo llega a la vida como un faro enviado por dios. Te demuestra que la vida es mas de lo que uno cree, las vivencias son solo espacios para encontrarnos. Me encanta que no deja el miedo de ir sola por la vida y empieza a viajar. La mayor enseñanza que me dejo es aprender a perdonarnos, la parte que mas disfrute cuando aprende a orar y comprende que el silencio es basico para un individuo. ☺

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